domingo, 2 de abril de 2017

#Opinion: ¿Ser o sentirse afortunado?


"He sido un hombre afortunado en la vida, nada me fue fácil", parto citando a Sigmund Freud para comenzar a escribir oficialmente en este blog, ya que durante tanto tiempo he estado escribiendo en privado, a excepción de mi columna en El Dínamo que también la he publicado acá (Click aquí para volver a leerla), y he querido conversarles sobre lo dificil que es ser afortunado, y ojo que no estoy hablando del dinero.

De partida, afortunado tiene dos acepciones, la primera dice "Que es feliz o tiene consecuencias positivas.",  y la segunda señala "Que tiene fortuna o buena suerte".

La buena suerte o la fortuna no tienen que ver necesariamente con los éxitos materiales que podamos tener cada uno de nosotros, ser o sentirse afortunado tiene que ver con que lleguemos a un nivel de satisfacción personal en diferentes aspectos de nuestra vida, sin renunciar a nuestros sueños, anhelos y deseos.

Desde mi experiencia personal, puedo decir que me identifico claramente con la frase de Freud, porque si, soy afortunado de tener lo que tengo, de ser lo que soy, de sentirme como me siento, porque de verdad que para mí las cosas no han sido fáciles, todo lo contrario.

Y ustedes, se deben preguntar, ¿Porqué soy o me siento tan afortunado?, Me permito responder a esa interrogante; Soy afortunado de tener a Dios como respaldo, de tener vida, de contar con un maravilloso círculo que me acompaña en cada uno de mis desafíos y locuras, de concretar anhelos, de incluirme e integrarme en esta sociedad, de soñar e imaginar mi futuro noche tras noche, y así sucesivamente; Ser o sentirse afortunado es un ejercicio que hago para complementar mi motivación de vida.

Pero saben una cosa, yo hace 3 o 4 años atrás no pensaba exactamente lo mismo, creía que las cosas no estaban de mi parte, de que sería imposible poder insertarme en este mundo en mi condición de Asperger, que ni la sociedad ni el país estaban preparados para entenderme, y de paso, ganarle a la adversidad; Llegué a creer en un momento de que esas cosas serían eternas y que estaba prácticamente condenado a la depresión y a la noche eterna; Sin embargo, parece que me equivoqué, porque las cosas cambiaron diametralmente.

Incluso soy más profundo aún en mi reflexión, Puedo decir que me siento o soy afortunado de haber pasado todo lo que pasé, de vivir en carne propia la discriminación y la incomprensión, porque son esas cosas, las que en vez de incentivar un resentimiento, hicieron que adoptase una forma positiva de ver la vida, basándome en la necesidad de luchar, soñar, cambiar el mundo, y comprender de que las cosas no son feas o malas porque sí, de que nuestras experiencias de vida sí tienen sentido y que nos dejan motivaciones, tareas, etc. 

Sé que mi discurso puede sonar excesivamente positivista lo que estoy diciendo en este blog, incluso lo pueden encontrar hasta fuera de contexto, pero la única intención que tengo es de que ustedes logren comprender y entender de que todos podemos sentirnos o ser afortunados, y que para que eso pase, hay que evitar preguntar los porqués y para qués, hay que simplemente, dejar que las cosas pasen y decir que en algún momento de nuestra vida, las cosas van a cambiar para mejor.

Lo que acabo de decir cuesta mucho entenderlo si estás o estuviste en alguna situación similar donde te viste tocar fondo tal como me sucedió a mi, pero las claves más importante para que algún día las cosas cambien son la Predisposición positiva y la Paciencia, porque ahí está la ganancia, pero como dice una canción, La espera desespera, pero tiene su recompensa.

Ahora bien, dejo una interrogante a juicio personal, ¿Uno es o se siente afortunado?

miércoles, 1 de marzo de 2017

#Opinion: En primera persona: Radiografía de un Asperger al sistema educativo chileno


En el marco de la discusión de la Reforma Educacional, se hace necesario contar con una legislación específica para estudiantes con Trastornos del Espectro Autista o Asperger, y que establezca garantías de acceso, permanencia, igualdad, calidad y financiamiento en todos los niveles educativos.

Se dice que en Chile hay inclusión educativa para estudiantes discapacitados, en especial para los que somos Asperger. ¡Mentira! Lo poco que hemos avanzado, por ejemplo, con la creación del Manual de Apoyo a Docentes para Educación de Estudiantes que presentan Trastornos del Espectro Autista, es el resultado del clamor de nuestras familias y de nosotros mismos, no por la voluntad política.

El Síndrome de Asperger es uno de los cuatro tipos de trastornos del espectro autista. Es cómo ir a otro país y que no entiendas su idioma, de tal forma que entras en un estrés permanente, y eso es una discapacidad no visible. Pero ojo, el síndrome no se pone ni se saca, es una condición vitalicia. Lo digo porque, hace años, una profesora tuvo la genial idea de decirle a mi madre que “me ponía el síndrome cuando me convenía”.

Ahora bien, les voy a contar cómo en Chile se ha abordado la inclusión educativa para quienes somos Asperger.

Partamos por la educación preescolar y escolar, aquí hay falta de colegios, de recursos para capacitación e implementación de los programas PIE. Hay establecimientos que nos cierran la puerta en las narices o que nos reciben de mala forma y nos transforman en candidatos seguros al bullying, tanto de nuestros pares y hasta de los profesores. Incluso nos invitan a no dar el Simce. A eso sumemos la falta de profesionales especialistas, los montos miserables de subvención que se pagan para comprar materiales educativos o para pagar salarios de educadores diferenciales, psicólogos y fonoaudiólogos, que son los profesionales que comúnmente trabajan en los PIE de cada establecimiento educacional, y así sucesivamente. ¿Creen que con la subvención de $115 mil mensuales que paga el Estado por estudiante se puede hacer algo?

Lo más insólito es que el Estado chileno discrimina, porque limita el ingreso de niños y niñas con Necesidades Educativas Especiales Permanentes a la sala de clases. Eso de que no puede haber más de dos estudiantes por curso según el artículo 94 del decreto 170, del año 2009, es, a mi juicio, contradictorio con la Ley 20.845 de Inclusión Escolar, que señala que el sistema propenderá a “eliminar todas las formas de discriminación arbitraria que impidan el aprendizaje y la participación de los y las estudiantes”.

Además, si revisamos el decreto 83, del año 2015, parece que se olvidaron de un grupo de estudiantes, porque se establecen criterios y orientaciones de adecuación curricular para estudiantes con necesidades educativas especiales sólo de enseñanza básica y prebásica, ¿Y la enseñanza media?, ¿y la educación superior? Es como si no fuéramos capaces de llegar a estudiar a ese nivel.

De hecho, solo unas pocas instituciones de educación superior ofrecen acompañamiento tutorial y psicosocial, acciones que contribuyen a una real inclusión. Sólo conozco una institución que trabaja el tema, la Usach, que es donde estudio Tecnología en Administración de Personal, lo que ha sido un salto en mi vida y una grata experiencia de inclusión, la que se complementa con el apoyo que me da el Programa de Acceso Inclusivo, Equidad y Permanencia (PAIEP), apoyándome con tutorías y acompañamiento psicosocial, además de brindarme la oportunidad de integrar el Directorio de Inclusión de estudiantes en Situación de Discapacidad del PAIEP. Estas acciones son fruto de la vocación pública que tiene la universidad. ¿Y las otras instituciones?

En el marco de la discusión de la Reforma Educacional, se hace necesario contar con una legislación específica para estudiantes con Trastornos del Espectro Autista o Asperger, y que establezca garantías de acceso, permanencia, igualdad, calidad y financiamiento en todos los niveles educativos.

Pero también hago un llamado a la clase política, esa misma que piensa compulsivamente en las elecciones 2017, a que empiece desde ya a pensar en elaborar políticas públicas sobre esta materia; pues ya no basta con firmar convenciones ni crear manuales, llegó la hora de que nos tomen en cuenta.

Fuente: El Dínamo
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